jueves, 6 de septiembre de 2012

CATEQUESIS MISTAGOGICA VI


Rito de Comunión

La escucha de la Palabra, la Plegaria de bendición y la ofrenda sacrificial, desembocan en la comunión con Cristo, el momento central del Sacramento de la Eucaristía. La Eucaristía es el banquete pascual. Como Ritos de preparación tenemos: El Padre Nuestro, el gesto de la Paz y la Fracción del Pan.

Oración dominical

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestro días, para que, ayudados por tu misericordia vivamos siempre libres de pecado y de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

El que preside la celebración invita a todos los que han sido constituidos por Jesucristo en la familia de los hijos de Dios a acercarse humildemente al banquete. Las peticiones del Padre Nuestro son como un resumen de la Plegaria Eucarística. Especialmente pedimos el pan de cada día, con el que se alude al pan eucarístico, e imploramos la purificación de nuestros pecados, con el compromiso de fraternidad y de perdón mutuos.
  
El embolismo que desarrolla la ultima petición de la oración del Señor, pide la paz para toda la comunidad de los fieles, como fruto de la liberación del poder del mal.

Rito de la Paz

Señor Jesucristo, que dijiste a los Apóstoles: “mi paz os dejo, mi paz os doy.” No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

La paz del Señor sea siempre con ustedes.
Y con tu espíritu.

Dense fraternalmente la paz

Toda la asamblea concluye la oración con una doxología.

Antes de participar de un mismo pan, la comunidad hace un gesto específico por el que simboliza lo que acaba de pedir y prometer en el Padre Nuestro: ser perdonados y perdonar. A causa del pecado, el ser humano no puede alcanzar por sí solo la fraternidad universal.  Por eso la oración presidencial pide la paz y la unidad para la iglesia y para toda la humanidad.

El que preside y la comunidad se intercambien al saludo de la paz que es, más que un deseo, la comunión en la paz que procede de Cristo.

El diácono invita a la comunidad a realizar el gesto en el que, de modo simbólico, nos trasmitimos la paz de Cristo, los unos a los otros.

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